… Coger el collar de Brea, abrochárselo, buscar durante minutos las deportivas, (dependiendo el desorden de mi habitación), seleccionar un buen disco, colocarme los cascos, abrir la puerta y empezar a correr por la calle adelante, al ritmo de las guitarras, bajos… hasta llegar a la asfixia, (que cada vez tarda más), cambiando la carrera por una marcha ligera, recuperarse y volver a correr, otro poco más, hacía ninguna parte en particular, hasta dónde me lleven los pies, alguna vez mirando atrás para ver dónde se mete Brea, e ir viendo anochecer en el suelo que mis pies van dejando atrás, hasta volver a casa. No requiere más explicación.
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